Barcelona o la teoria del todo

Barcelona es la polis por antonomasia. No por su medida, que también; tampoco por el hecho, a pesar de ser importante, de formar parte del grupo de estas nuevas ciudades-referente que no se apartan del mar, porque saben que los piratas llegan cabalgando sobre otras olas.

Barcelona es la polis por antonomasia, porque el suyo ayer supera la Edad mediana y conjuga las civilizaciones más enfrentadas en el ADN de su tejido; porque en su reducida (a escala humana, como Europa) versión de megalópolis, ha estado capaz de reunir el qué de bono y de doliendo estas significan. Su gobierno, justamente por eso, no es una cuestión menor, más bien, en juego de palabras con la cabecera de este digital, una cuestión capital.

Del mismo modo, en justa correlación con su dimensión política, no se puede hacer un uso espurio de sus ventajas y de sus defectos, de sus hitos y de sus fracasos. Porque si los rasgos negativos son responsabilidad de sus gobernantes, también lo son de todos los que, por negligencia, connivencia culpable o comodidad pequeño burguesa, hemos dejado que así fuera gobernada. Y si los rasgos positivos han conseguido salir, ha estado gracias al concurso de ambas partes, que no otra cosa es el verdadero regimiento de la cosa pública.

La clave de todo es el modelo de ciudad que seamos capaces de dibujar mentalmente y proyectar en la acción. tenía un Pasqual Maragall, o solo coincidió con unos Juegos olímpicos haciendo limpieza en la ciudad y abriéndola en el mar? tiene un Ada Colau, o es solo una voluntarista que cree haber estado capaz de re-coser el agujero en la jefa de ozono con sus carriles bici?

Mientras continuamos pensando que la movilidad de una ciudad en pendiente puede ser igual que una de Holanda, que las buenas intenciones no pueden tener efectos colaterales negativos, que la vivienda social puede ser de compra en un mundo que todavía respete el que significa la propiedad privada; mientras continuamos pensando que la dicha vivienda se puede colocar a cualquier lugar y que es factible continuar extendiendo coronas metropolitanas de construcciones de poca altura; mientras no entendamos que la suciedad y el incivismo es el primer nivel de una escala que llega al homicidio, y que un ayuntamiento no se puede dedicar a condenar canciones de Amaral o cualquier otro cantante de moda, como si fuera una versión de OT; mientras todo esto pase, cualquiera podrá hacer de Barcelona una oportunidad para la demagogia. Y si Barcelona acontece una excusa, perderá su lugar de honor en la Europa de las ciudades concitadas en torno “la cuna de todos los azules”.

Tal es el riesgo que se esconde en una gobernanza sin modelo de ciudad que quizás es la hora de re-pensarla más allá de la red de municipios, como un área de influencia y lugar de encuentro de intereses fractales. Como un distrito federal, con sistema electoral propio y facultades normativas que no permitan justificar los errores en supuestas carencias competenciales.

Los científicos dicen que la teoría del todo es elegante porque es sencilla. Así, pues, Barcelona, distrito federal. O la teoría (política) del todo.

Montse Nebrera

15/11/2018

Tot Barcelona

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