La tribalització d’ Europa

Marlene Wind.

Europa, ilusión y declive

Los hechos han acabado quitándole razón a Francis Fukuyama y su tesis sobre un final de la historia que estaría caracterizado por la democracia liberal y la economía de mercado.

Esa idea, planteada por primera vez en 1989, antes de la caída del muro de Berlín y del derrumbamiento del bloque sovietico, pareció confirmarse con la ampliación de la UE hacia el Este, hasta tropezar con una nueva tendencia global que la cuestiona : la política identitaria.

El libro que aquí comentamos considera que las tendencias actuales más relevantes son: “…el antiglobalismo y la política identitaria” y que ambas tendencias han llevado al menos a seis países europeos a abandonar la democracia liberal para adoptar planteamientos populistas.

En definición de la autora :

            “La democracia en la era del populismo se ha convertido en el imperio de la regla de la mayoría sin restricciones, con un debate político limitado por las notícias falsas y el fundamentalismo cultural”. (pág. 22)

Estas megatendencias son las que han puesto en crisis el proyecto europeo, un proyecto que la autora califica como el más innovador y exitoso intentado en Europa.

La política identitaria

La decadencia de la democracia a nivel mundial y la crisis del proyecto europeo son atribuibles al auge de la política identitaria edificada sobre comunidades que se suponen fenómenos naturales, pero que la autora califica de “inventadas” siguiendo una corriente de pensamiento con raíces en Hobsbawm y en Benedict Anderson, pero que ella formula con singular contundencia :

            “ las comunidades siempre han sido cosas imaginarias” (pág. 26)

Esta aproximación considera fenómenos de la misma especie las políticas de la identidad desarrolladas en EEUU y la creación o radicalización de identidades nacionales o religiosas en otras partes del mundo.

Lo que tienen en común estos fenómenos aparentemente desconectados, es que sitúan el fundamento y las consecuencias de la identidad más allá del análisis racional y, en consecuencia, más allá del debate político (pág. 33), dato al que añadir la eficacia alcanzada por la ingerencia social, manejada desde el poder , para crear “comunidades identitarias” (pág. 31).

Fenómenos coetáneos

Sobre este planteamiento, M. Wind revisa el proceso independentista catalán, el referéndum de secesión de Escocia y el Brexit para llegar a la común conclusión de que todos ellos presentan importantes similitudes y se basan en la exacerbación de las diferencias. Es un juego de nosotros frente a los demás que se pretende resolver con una pregunta simple que solo admite como respuesta si o no. Las respuestas binarias se plantean ante preguntas mal formuladas (pág. 47).

A todo lo anterior hay que sumar los movimientos “tribales” producidos en la Europa Central y del Este y la tendencia general a la disminución de la participación electoral, señales de un creciente desencanto con la democracia liberal.

Retroceso en la calidad democrática

La consecuencia ha sido un retroceso en la calidad democrática que afectó en 2017 a un total de ochenta y nueve países, según The Economist, mientras que solo veintisiete experimentaron mejoras (pág. 73).

Es altamente relevante que seis de los países en los que la democracia está en retroceso estén situados en Europa, y que se trate de países en los que la conquista de los derechos y libertades democráticas sea relativamente reciente.

La autora se apoya en Ivan Krastev para hacer referencia extensa a “la paradoja del Este” que sigue profundizándose en países como Polonia, Hungría o Chequia, acelerando su deslizamiento hacia la democracia liberal.

Si a todo lo expuesto se le suma el discurso notablemente agresivo de Trump y las políticas desarrolladas en Rusia y China, resulta una clara obviedad que el mundo no avanza hoy en el sentido de una mayor interrelación integradora, sino hacia una globalización que acentúa la diferencia, la contradicción, la desigualdad económica y el conflicto.

La democracia es algo más que el voto

La autora sostiene que en un sistema democrático lo esencial no es únicamente el voto ni la garantía del acceso al gobierno de la mayoría. Tan importante como lo anterior es la existencia de mecanismos de garantía que protejan a las minorías y aseguren el imperio de la Ley.

Siguiendo a Alexis de Tocqueville, enfatiza que los jueces son los “auténticos guardianes de la libertad” y que los tribunales, en su función de custodios de la ley, constituyen un auténtico mecanismo “contramayoritario” en el sentido de limitar la capacidad de la mayoría para imponerse en cualquier circunstancia y sin medida sobre los derechos de la minorías.

De este modo se construye un sistema de “democracia constitucional” en el que los Parlamentos son contrapesados por mecanismos relativamente fuertes de control judicial de constitucionalidad (pág. 101).

Ese sistema, que tiene su orígen en la Sentencia del caso “Marbury contra Madison”, está en crisis en países que limitan la independencia judicial, como es el caso de Hungría y Polonia, pero también lo está en otros casos en los que el ataque no se dirige a los jueces internos, pero sí a los órganos judiciales internacionales.

Tal cosa sucede en este momento en Inglaterra, al calor del Brexit, pero también en EEUU y ha aparecido recientemente en Dinamarca (pág.104).

Cataluña

El análisis de Wind destaca que en el caso catalán, asociado a fuerzas progresistas, la identidad se fundamenta en la lengua, fenómeno en absoluto original que puede remontarse a Fichte y Herder y que fue analizado en profundidad por Hobsbawn. Sin embargo, más allá de esta especificidad, el caso del secesionismo catalán es para M. Wind un caso más de tribalismo identitario que parte de consideraciones inciertas como es la afirmación de que una Cataluña independiente seguiría formando parte de la UE (pág. 41).

La totalidad del capítulo 7 de la obra comentada se dedica a analizar la forma en que el Parlamento de Cataluña aprobó las leyes de desconexión en septiembre de 2017 (pág. 89) y presentando el referéndum de octubre como una operación publicitaria magnificada por la errónea reacción del gobierno español.

La respuesta que la autora da a las cuestiones planteadas en este capítulo se resume del siguiente modo :

            “Yo sostengo que la democracia es –y debe ser- algo más que plantear a la ciudadanía preguntas que deban ser respondidas con una respuesta binaria (de “si” o “no”) en consultas de consecuencias impredecibles para todos” (pág. 47)

                                                                                                          Jean Valjean

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