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Presentació del treball “Un projecte per la Barcelona metropolitana”

Nace Barcelona DF, una plataforma con vocación metropolitana

El mundo vive un periodo de grandes cambios y Barcelona se ha estancado en los últimos años. La ciudad encara el futuro con más dudas que certezas, víctima de la inestabilidad política que azota Catalunya y del populismo del gobierno de Ada Colau. A cuatro meses para las elecciones municipales, nace Barcelona Distrito Federal, una plataforma que aboga por repensar el actual modelo e interpreta Barcelona como motor y capital de una área metropolitana mucho más amplia que la actual.

El estreno de Barcelona DF congregó a más de 100 personas en la Sala Martí l’Humà, del Museo de Historia de Barcelona. Presidida por el abogado José María Cardellach, se define como una “célula de reflexión sobre el presente y el futuro de Barcelona”.

ALBERICH, FERNANDEZ TEIXIDÓ Y NEBREDA

En la presentación oficial también participaron José Enrique Ruiz-Doménec, catedrático de Historia Medieval de la UAB; Ramón García Bragado, abogado y ex gerente y ex concejal de urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona; y la empresaria Marta Roger. Entre el público asistente estaban, entre otros, Jordi Alberich, ex presidente del Cercle d’Economia; Montse Nebreda, ex diputada del PP en el Parlament de Catalunya; y Antoni Fernández Teixidó, político y economista.

“El mundo actual se configura sobre ciudades globales y Barcelona, históricamente, ha tenido esta vocación”, destacó Cardellach, quien lamentó “el deterioro y la erosión de la marca Barcelona”. Los motivos, el proceso soberanista la mala gestión de Ada Colau.

Ruiz-Doménec, por su parte, hizo un repaso histórico de Barcelona, remontándose al siglo XII cuando la ciudad es reconocida ya como importante núcleo comercial y mercantil. También destacó el gran salto vivido durante el siglo XIX con el nuevo urbanismo de Ildefons Cerdà y la primera Exposición Universal que acogió la ciudad, en 1888.

PONENTES BARCELONA DF
García Bragado, Cardellach, Ruíz-Domenec y Roger, ponentes de Barcelona DF/ HUGO FERNÁNDEZ

LA BARCELONA METROPOLITANA

Bragado, con un perfil mucho más político, reivindicó una Barcelona metropolitana, “sin fronteras”. Tras lamentar que “se ha acabado la sutileza en la política y hemos entrado en las trincheras”, quien fue cuarto teniente de alcalde del Ayuntamiento con el PSC pidió “una reflexión sobre el área Barcelona”.

“No basta con hablar solo de Barcelona. El área metropolitana son 36 municipios, la ciudad del metro, mientras que la región metropolitana abarca una segunda corona”, recalcó Bragado. “Hoy, Barcelona está contra las cuerdas porque no tiene capacidad para actuar fuera de sus límites. Desgraciadamente, no hay homogeneidad en las políticas económicas del área metropolitana”, insistió en un tono muy crítico.

ASISTENTES BcnDistritoFederal 5
Fernández Teixidó, el segundo por la derecha, ha asistido al estreno de Barcelona DF / HUGO FERNÁNDEZ

LAS GRANDES CIUDADES DEL FUTURO

Bragado aseguró que “las desigualdades son enormes” y remarcó que “los problemas de Sant Adrià y Santa Coloma, por ejemplo, no tienen solución sin Barcelona”. El ex gerente de urbanismo, asimismo, afirmó que “la ciudadanía y las instituciones no están alineadas en estos momentos”. “Cuando esto ocurre, Barcelona es imparable”, retomó Cardellach, quien puso como ejemplo la Barcelona olímpica.

Marta Roger, empresaria agrícola, abogó por establecer nuevas sinergias entre la capital y todas las poblaciones de la provincia de Barcelona “porque nuestra ciudad forma parte de una red global y tiene que ser una metrópoli abierta a las nuevas tecnologías, a las empresas, a la cooperación con otras administraciones”. En su intervención apuntó también que en 2050, “el 70% de las personas vivirá en grandes ciudades”.

https://www.metropoliabierta.com/quien-hace-barcelona/personas/nace-barcelona-df-plataforma-metropolitana_14069_102.html

Lluís Regàs

Propuestas para la Barcelona metropolitana que soñó Maragall

Es tiempo de soluciones, proclaman los autores de Una nueva Gobernanza para la Barcelona Metropolitana, el segundo libro de la asociación Barcelona Distrito Federal (BDF), presidida por José María Cardellach, cuya finalidad es repensar esta conurbación. Participan en este proyecto representantes de diferentes sectores sociales convencidos de que la ciudad global soñada por el exalcalde Pasqual Maragall es posible.

Los impulsores de Barcelona DF presentan su proyecto en el Museo de Historia de Barcelona / CG
Los impulsores de Barcelona DF, en la presentación de su primer libro en el Museo de Historia de Barcelona / CG

De hecho, tanto el político socialista como la antigua Corporación Metropolitana que Jordi Pujol​ eliminó en 1987 al considerarla un contrapoder a la Generalitat convergente, están muy presentes en este trabajo que se presenta el jueves 16 de enero en el Museo de Historia de Barcelona.

Evitar estructuras paralelas

Tras Un proyecto para la Barcelona Metropolitanapresentado en febrero de 2019, los impulsores de BDF ofrecen ahora ocho propuestas para una nueva gobernanza metropolitana. Apuestan por una administración multinivel que incluya un órgano deliberativo y una administración ejecutiva. No obstante, precisan que para evitar estructuras paralelas, es necesario revisar las ya existentes.

Imagen aérea del litoral barcelonés / CG
Imagen aérea del litoral barcelonés / CG

Suprimido el Consejo Comarcal del Barcelonès, los autores instan a redefinir los consejos del Baix Llobregat y del Vallès Occidental, así como aumentar las competencias del Área Metropolitana de Barcelona (AMB). Creen que la Diputación de Barcelona debería entonces pasar a ejercer sus competencias más allá del territorio de la AMB.

¿Qué es el área metropolitana?

BDF define esta conurbación como una extensión de 636 kilómetros cuadrados, donde viven 3,2 millones de personas, que supone más del 50% del PIB de Cataluña y que incluye a 36 municipios. Gestiona el tercer presupuesto público de Cataluña, después de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. De ahí su importancia y potencialidad.

La sede del Área Metropolitana de Barcelona (AMB), ubicada en la zona industrial de los alrededores de la capital catalana / CG
La sede del Área Metropolitana de Barcelona (AMB), ubicada en la zona industrial de los alrededores de la capital catalana / CG

Pero, a juicio de los autores, la ley que regula la AMB es poco ambiciosa y muy estancada, pues no facilita el pleno desarrollo en materias sociales como vivienda, transporte, agua o energía. Y, sobre todo, depende demasiado de los intereses políticos.

Fronteras abiertas

Asimismo, esa gobernanza debe ser flexible y plural, con fronteras abiertas. Igualmente, la metrópolis barcelonesa debe estar abierta al mundo y, para ello, debe participar en foros internacionales.

La gobernanza, afirman, debe ser inclusiva, es decir, luchar contra globalización y los retos que plantean los rápidos cambios tecnológicos, que generan riqueza, pero también desigualdades.

Una metrópoli, afirman, que los ciudadanos sientan como suya. Consideran que el debate sobre la elección directa de los órganos de gobierno no debe quedar reducido a la designación del alcalde metropolitano: debe ampliarse a la posible existencia de distritos metropolitanos para que cada barrio elija a sus representantes. En este sentido, defienden el refuerzo de los vínculos entre electores y elegidos, mediante el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).

Londres, París, Viena…

La gobernanza, según BDF, debe ser federativa, con un consejo de alcaldes metropolitanos, inspirado en el histórico Consell de Cent, que el catedrático de Historia Medieval, José Enrique Ruiz-Domènec reivindica en el libro.

Este trabajo aborda también el derecho comparado, esto es, la regulación de las grandes metrópolis de Londres, París, Lisboa o Berlín, así como el de otras conurbaciones donde no existen órganos administrativos metropolitanos, pero sí planifican su territorio, como Viena, Bruselas o Madrid.

https://cronicaglobal.elespanol.com/politica/propuestas-barcelona-metropolitana-sono-maragall_308078_102.html

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Maria Jesús Cañizares

 

El que amaga la polèmica sobre la Diputació de Barcelona

El que realment s’està jugant amb el control d’aquesta institució és la manera d’imaginar en les pròximes dècades quin serà el paper de l’Àrea Metropolitana de Barcelona, a Catalunya, a Espanya i a Europa

En aquests últims dies els avatars dels pactes per al govern de la Diputació de Barcelona s’han convertit en un argument de debat i de polèmica de foc creuat tant a la premsa com, evidentment, a les xarxes socials.

És així per dues raons evidents i de pes. La primera té a veure amb la demostració definitiva que no hi ha cap tipus d’unitat estratègica per part dels partits independentistes. Ja havia quedat clar amb la constitució dels ajuntaments, però l’espectacle de les últimes hores, durant les quals s’han acusat mútuament d’haver pactat amb “carcellers” i s’han desafiat retòricament els uns als altres a trencar-los (sense cap intenció de fer-ho) ho ha fet evident també per als més confiats en el procés. No es pot saber com afectarà això –o no– el Govern de la Generalitat. Potser no l’afectarà gens.

L’altra raó de la polèmica –encara més descarnada– ha tingut i té a veure amb una evidència: les Diputacions són les institucions locals més ben dotades econòmicament i les que tenen més marge de maniobra per decidir on i com es reparteixen els recursos. Aconseguir controlar-les –especialment la de Barcelona– és una mena d’assegurança de vida, sobretot en el cas de Junts per Catalunya, que darrerament ha perdut presència institucional i, per tant, recursos.

Aquestes dues raons expliquen la polèmica mediàtica fast food (que toca dos temes inflamables, però en el fons de superfície, com el ranquejant procés i la supervivència o no de determinades sigles partidistes), però no expliquen la importància política del que realment s’està jugant amb el control d’aquesta institució, que no és res més que la manera d’imaginar en les pròximes dècades quin serà el paper de l’Àrea Metropolitana de Barcelona, a Catalunya, a Espanya i a Europa.

La qüestió, evidentment, és antiga: Pujol la va tancar amb un cop de porta el 1987 utilitzant com una garrotada la seva majoria absoluta (i amb el concurs numèricament innecessari d’ERC), amb l’abolició de la Corporació Metropolitana de Barcelona. El llavors alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, havia potenciat aquella institució (s’havia creat el 1974 encara durant la dictadura, sota impulsos desarrollistas) i tenia tota la intenció de transformar-la en sentit democràtic per coordinar i harmonitzar la presa de decisions i la prestació de serveis fonamentals per als 26 municipis que la integraven. En altres paraules, volia consolidar institucionalment la Barcelona dels quatre milions. La CMB es va esborrar d’una tacada i només més recentment es va crear l’Àrea Metropolitana de Barcelona, una entitat que disposa de menys envergadura i potencialitats.

El conflicte s’havia generat, evidentment, per una qüestió de recursos i de presència partidista al territori (l’esquerra tenia una fortíssima implantació en termes d’alcaldies), però la qüestió anava més enllà i tocava de manera nuclear el paper que s’atorga a les ciutats metropolitanes com a actors polítics i, per tant, també en la construcció d’imaginaris, legitimitats, maneres de concebre la relació entre les persones, les col·lectivitats i les institucions. Va quedar famosa la frase continguda en una de les cartes que es van enviar Pujol i Maragall en els moments més durs del conflicte de la CMB, on l’antic president deia: “Les ciutats hanseàtiques eren una ciutat poderosa, fonamentalment un gran port comercial (…) i pràcticament res més. No tenien hinterland. No són un país. Nosaltres volem que Catalunya sigui un país”. El missatge era clar: el nacionalisme conservador català no permetria visions alternatives del territori que generessin altres imaginaris que no fossin els “patriòtics” tradicionals. En realitat, això s’ha mantingut al llarg de les dècades com una constant: les declaracions del mateix Torra sobre el fet que Barcelona ja no és la capital del país (i ho seria Girona) és la degeneració d’aquesta mateixa manera de pensar en un context –ara sí– de ressorgiment de replecs identitaris. I, malgrat tot, la qüestió torna, perquè la realitat és tossuda i ens diu que, tot i els nostàlgics de Westfàlia (els d’aquí, i els de mig Europa), les ciutats metropolitanes tenen i tindran un paper decisiu des d’un punt de vista polític, econòmic, social i cultural. A Madrid això ho han entès de seguida: de fet, la Comunitat de Madrid ja funciona des de fa temps com una mena de districte federal. La qüestió és ara si les esquerres –la que probablement exercirà la presidència de la Diputació, i la que està encapçalant l’Ajuntament de Barcelona (i que exercirà la presidència de l’AMB)– no es deixaran endur per les polèmiques de superfície, seran capaces de mirar als reptes reals que té la Barcelona metropolitana i encararan amb força la construcció d’un actor institucional poderós, innovador, solvent i democràtic.

https://cat.elpais.com/autor/paola_lo_cascio/a/

 

El despatx del president

Paola Lo Cascio

Barcelona DF vol recuperar l’esperit de la Corporació Metropolitana

Representants de tots els àmbits socials de Barcelona als quals els uneix els “seus sentiments d’amor per Barcelona i per la preocupació amb la que viuen la situació actual” s’han agrupat en l’associació cultural Barcelona Districte Federal (BDF).

Els impulsors d’aquest projecte defensen fer un “front comú de governança que es concreta en dues grans àrees: l’errònia definició del territori a què ens referim quan pensem en Barcelona i la sostinguda pèrdua de qualitat i deteriorament dels serveis públics d’alguns dels nostres governs municipals en els darrers anys”.

Aquest dijous es va presentar BDF en una conferència a tres bandes que va presentar el president de la nova entitat, Josep Maria Cardellach. La primera part de la conferència va anar a càrrec del catedràtic d’Història Medieval, José Enrique Ruiz-Doménec, qui va fer una exposició històrica de la ciutat des dels seus orígens.

L’exgerent de l’Ajuntament de Barcelona i exsecretari general de Presidència de la Generalitat en el govern del socialista Pasqual MaragallRamón García Bragado, va fer un repàs de com el president de la Generalitat convergent, Jordi Pujol, va desmuntar la Corporació Metropolitana de Barcelona l’any 1987 al considerar-la un contrapoder dels ajuntaments socialistes.

García Bragado va alertar sobre el que considera un “bloqueig metropolità”, en considerar que hi ha “un fort statu quo. Tothom guanya amb la debilitat de Barcelona. Si Barcelona és dèbil, la Generalitat és més forta. Té una extraordinària vitalitat, però a nivell institucional no, la qual cosa va en detriment de tots”.

L’acte el va tancar l’empresària i enginyera agrícola Marta Roger, un acte en el qual van assistir entre altres Antoni Fernández TeixidóJoan HortalàJordi CasasMontserrat Nebrera o Daniel Sirera.

Barcelona DF vol recuperar l’esperit de la Corporació Metropolitana

 

Barcelona Distrito Federal

José María Martí Font (Mataró, 1950) acaba de publicar un oportuno opúsculo sobre la decadencia de Barcelona y el auge de Madrid a lo largo de los últimos lustros. Se titula ‘Barcelona-Madrid, decadencia y auge’ (ED Libros) y explica en poco más de cien páginas, de forma tan didáctica como amena, lo que ha sido de las dos principales ciudades españolas, eternas rivales hasta que una se impuso a otra a la hora de fabricar una gran urbe contemporánea, hazaña lograda por Madrid gracias a la colaboración del gobierno central y a las mentes privilegiadas de los políticos catalanes del sector nacionalista.

Martí Font cree en las ciudades. Más que en los estados nación: “El problema de Barcelona es que los nacionalistas siempre le han tenido manía. Consideran que es demasiado grande para un país tan pequeño como Catalunya, y siempre se han dedicado a empequeñecerla, a quitarle competencias, a que no le haga sombra al país y, sobre todo, al medio rural, que es donde los nacionalistas encuentran la pureza que, según ellos, le falta a una urbe mestiza como Barcelona, llena de gente que habla español, de extranjeros, de tibios en la cuestión nacional. Acuérdate de cuando trabajábamos para la prensa ‘underground’, a finales de los años 70. Pensábamos que, si ya éramos los amos de España en el sector cultural, con la democracia cimentaríamos esa posición. Pero luego vimos que se trataba de renunciar al mercado hispanoparlante y convertirnos en la capital de una nación imaginaria”.

Basta con dejarse caer por Madrid para comprobar que sus calles no están ocupadas por sujetos enfurruñados con lazo amarillo en la solapa que miran mal a los que no lo llevan, sino por gente que tiene cosas más importantes en las que pensar que en su identidad. No sé si Madrid es una gran ciudad europea o sudamericana, y a menudo se me antoja una mezcla imposible de Tánger y Nueva York, pero hace años que ese poblachón manchego del que hablaba Cela es una capital poderosa y exenta de esa melancolía suicida que impera entre nosotros, que, eso sí, no somos los únicos responsables de la situación:

Cuanto más lejos mejor

Según Martí Font, una Barcelona fuerte necesita un alcalde fuerte y con la cabeza bien amueblada: “El último alcalde interesante que tuvimos fue Pasqual Maragall, del que ahora todos se declaran discípulos, sobre todo los que menos tienen que ver con él. El alcalde de Barcelona debe plantar cara a la Catalunya profunda y trabajar por el poderío económico y cultural de la ciudad. Debe creerse que, en realidad, Catalunya es el complemento de Barcelona, y no al revés. Así es cómo se entra en la liga de grandes ciudades del mundo, que suelen ser más interesantes que el país que las alberga. Yo me hice ciertas ilusiones con Ada Colau, pero no tardé mucho en perderlas. En vez de plantar cara a los nacionalistas y su deseo eterno de minimizar Barcelona por el bien de la patria, se ha rendido ante ellos sin conseguir que dejen de odiarla. ¡Para quitarse el sombrero!”.

https://www.elperiodico.com/es/barcelona/20190415/barcelona-distrito-federal-7409644

Jose Maria Marti Font, que acaba de publicar ’Barcelona-Madrid, decadencia y auge’.

José María Martí Font

Hacia una Barcelona metropolitana real

¿Es realmente Barcelona, junto con su Área Metropolitana, una ciudad global, entendida como el espacio para dar respuesta a los desafíos de futuro desde el punto de vista político, económico, climático, demográfico, tecnológico y social?

Actualmente, la área metropolitana de Barcelona engloba 36 municipios en un territorio de 636 kilómetros cuadrados con 3,2 millones de habitantes y supone el 65% del PIB de Catalunya y el 13 % del PIB español. Es sin duda una de las grandes regiones económicas de la Unión Europea (UE), y Barcelona es una de las capitales de todo el mundo escogidas para la celebración de congresos, como el Mobile World Congress, y es la sede de la Unión para la Mediterránea.

En cuanto a la innovación se ha convertido en un hub en la Europa del sur y es ciudad de referencia comercial y turística, que tiene unos de los puertos y aeropuertos más importantes a escala europea.

En el campo institucional, el ente metropolitano ha pasado por diferentes situaciones estructurales y competenciales hasta llegar a la situación actual. Así, el primer órgano de gestión metropolitano se creó en 1974 con la agrupación de 26 municipios bajo el nombre de Corporación Metropolitana de Barcelona (CMB). En 1987, la mayoría de CiU en el Parlament de Catalunya, durante la presidencia de Jordi Pujol, aprobó la Ley 7/1987, por la que se atribuía las competencias de planificación directamente a la Generalitat de Catalunya. Finalmente, en 2010 se aprobó la Ley 31/2010 que restablecía la Área Metropolitana de Barcelona (AMB) que hoy conocemos y se encuentra en vigor.

Si hacemos una mirada a nivel competencial de la Área Metropolitana según la Ley 31/2010, puede parecer que sus competencias son suficientes para dar respuesta a los retos de futuro de cualquier ciudad global. Así, vemos que se dispone de competencias en ordenación del territorio, urbanismo y vivienda; movilidad y transporte; ciclo del agua; gestión de residuos; medio ambiente; actuaciones en infraestructuras de interés metropolitano; fomento de la actividad económica y empresarial; turismo y fomento de la cohesión social.

La globalización de la economía ha generado un proceso de concentración del poder económico y tecnológico en áreas metropolitanas desde donde se ejerce el control de la economía mundial. Es en estas ciudades globales donde se sitúa el poder de decisión, tanto desde el punto de vista financiero y empresarial como tecnológico.

Una ciudad global también es un fenómeno de gran dimensión a nivel demográfico, social y cultural. Según datos de la ONU, en 1950 el 30% de la población mundial vivía en ciudades; en 2016 este dato era el 55%. Actualmente, más de 500 ciudades superan el millón de habitantes y 50, los cinco millones.

En la área metropolitana de Barcelona existen diferentes entidades que comparten funciones de gobierno con intereses no siempre coincidentes. Además del Estado central y la Generalitat, también nos encontramos la Diputación de Barcelona, las comarcas del Baix Llobregat, Vallès Occidental y Maresme, el Ayuntamiento de Barcelona y el AMB.

Desde Barcelona Distrito Federal creemos que en lo primero que hay que incidir es en la governanza de la Barcelona Metropolitana que tendrá que configurarse en base al federalismo cooperativo de raíz municipal. No es admisible la existencia de administraciones locales de segundo orden como son la Diputación y las comarcas operando a la vez sobre el mismo territorio metropolitano. Consideramos que estas administraciones tendrían que pasar sus competencias a la AMB, tal y cómo se ha hecho con el Consejo Comarcal del Barcelonès.

Desde el punto de vista de la gobernabilidad de la Barcelona Metropolitana, creemos que esta tiene que ser cercana al ciudadano y sin duplicidades. Así, habría que hacer un planteamiento de elección directa de sus órganos de gobierno, y los alcaldes de los municipios de la AMB tendrían que ser miembros natos del Consejo Metropolitano.

La Barcelona del futuro será metropolitana o no será, y sólo con la generosidad e implicación de la sociedad civil y sus gobernantes será posible lograrla.

Hay que ponerse a trabajar, porque el mundo no se para y el futuro del siglo XXl será el de las ciudades globales.

https://www.eltriangle.eu/es/author/autor-127/

Florenci Campos

 

¿Sobrevivirá Barcelona?

Suelo ser optimista y no me entristezco fácilmente pero como barcelonés de nacimiento y siempre practicante estoy seriamente preocupado por la frágil situación de mi ciudad y la peligrosa deriva que su rumbo está tomando.

Tan solo puedo llegar a entender que la Barcelona de antes era una ciudad desbordada en que todo estaba sobredimensionado, pues las oleadas de turistas en busca de belleza, clima, calidad de vida, arquitectura y Gaudí provocaron un feroz crecimiento de la oferta hotelera y la voracidad del crucerismo marítimo reventaba la ciudad de visitantes fugaces. Si a todo ello le sumamos un transporte aéreo a precios de saldo ya tendremos el complemento perfecto para el colapso generalizado.

Barcelona era desde el siglo XIX una ciudad tranquila, elegante y cosmopolita en la que, a pesar de la pobreza de los suburbios de la inmigración y cinturón industrial, la gente paseaba su elegancia y la cultura de sus instituciones y estructuras organizativas, círculos, clubs y liceos.

Pero héte aquí que la aparición en el tiempo de tres dragones exterminadores no solo han destruido la sobredimensión sino que han arrasado sin contemplaciones todo lo bueno y sosegado que tenía Barcelona. Veamos:

El Covid, ese  virus importado sin permiso cogió desprevenido al país, el drama de la muerte en soledad y el total secuestro y confinamiento de la población, no solo ha mostrado nuestra debilidad, el deficiente gobierno de España y las frágiles estructuras sanitarias en recursos materiales y profesionales, sino que en el caso de Barcelona también ha acabado con la estructura turística, comercial y hostelera en la que equivocadamente los ciudadanos habíamos basado nuestra estrella y esplendor. Grandes superestructuras portuarias y aeroportuarias paralizadas, centenares de hoteles y restaurantes cerrados y miles de terrazas vacías y desiertas con la única compañía de otros tantos miles de persianas bajadas del pequeño comercio de ámbito familiar.

Pero, desde los últimos años, Barcelona padece un gobierno municipal resultante de un catastrófico error democrático con el equipo más indocumentado de su historia, con un conjunto de partidos abiertamente anti sistema y populista que anda plagado de personajes cuyo único valor es haber tenido la suerte de haber llegado hasta ahí sin dar un palo al agua en su vida.

Un equipo así está liderado por la señora Colau, conocida como la reina del escrache a la que Barcelona le entregó la vara de mando sin tener idea del tesoro que se ponía en sus manos y que años después la población permanece horrorizada de cómo se pueden destruir tantas cosas en tan poco tiempo, de cómo la elegancia y la clase se arrastra por los charcos de la suciedad que acarrea la marginalidad, cuánta historia y cultura entregada a las zarpas de la horterada chabacana, fiestas y tradiciones al servicio del insulto y el mal gusto  de los llamados artistas de lo grotesco.

Un urbanismo y proyecto de ciudad inexistente por incompetencia política en la toma de decisiones por lo que cabe preguntarse ¿Qué directrices puede inspirar un gobierno iletrado y cómo se puede entonces encargar algo brillante a un equipo de técnicos que han huido despavoridos o permanecen ocultos?

Pues si la alcaldesa Colau lidera esa banda municipal, qué puede esperar Barcelona más que la mediocridad y el ostracismo, violencia, drogadicción, marginalidad y ocupación urbana. Y así las cosas, ese segundo dragón abrasa a Barcelona, por los incompetentes personajes que han pasado de la calle al trono sin siquiera haber conocido ninguna estación de tránsito intermedio con lo cual solo hemos conseguido llenar nuestro palacio de inmundicia.

Triste escenario para la voracidad draconiana, aunque el tercer dragón, el más viejo y dañino hace ya una década que expulsa fuego y esparce veneno en todos los sectores de la población catalana. Y también se reconoce su figura y su maldad con el nombre de procés, alimentada su podredumbre con una falsa voluntad de un pueblo que tan solo ha usurpado la pacífica convivencia de los ciudadanos de Cataluña.

Desde hace décadas en manos de clanes corruptos y criminales ( Fiscalía dixit) y en la última época ante los escándalos con el desvío de ingentes cantidades de dinero público para la financiación ilegal de partidos, instituciones y personas. Con el 3% como estandarte, el dragón debe mutar a nuevas maldades contagiosas como el derecho a decidir, tramposos referéndums y un secesionismo suicida al que le falta músculo y mayorías. Una exigua y falsa superioridad en la composición del Parlament producto de una injusta ley que reparte mal los votos territoriales, ofrece un espejo en donde la realidad se deforma hasta reflejar un conjunto de mamarrachos que actúan basados en una autoridad que no tienen. Tan solo hay que observar la surrealista escena de presentar como iconos a los responsables de todo el caos en prisión o fugados al extranjero, o a los que quedan chaqueteando por una silla o un refugio donde enterrar sus responsabilidades por haber estado cometiendo un auténtico genocidio cultural que algún día la historia tendrá que abordar.

La pregunta que se debe formular todo barcelonés, catalán, español y europeo es: ¿Será capaz la ciudad de Barcelona de sobrevivir al Covid, a la Sra. Colau y al dramático procés? ¿Tendrá cimiento suficiente en la riqueza de su propia historia o en su hoy maltrecha cultura si consigue además despertar a una nueva burguesía?

¿Y seremos capaces los catalanes de remontar el vuelo sin complejos, ni divisiones ni enfermizos estados de iluminación y odio que deberíamos encerrar bajo llave en los rincones del olvido?

No puedo finalizar sin que brote en mí el optimismo de siempre y creo poder afirmar que sobreviviremos a los dragones Covid, Colau y procés, aún a sabiendas que en el futuro nada será igual que antes, pero el mediterráneo seguirá acariciando nuestra piel, el sol nos dará el calor meridional, recuperaremos nuestra histórica elegancia y cultura y, hasta Gaudí, Pla, Dalí y todos los que se fueron volverán a pasear entre nosotros. A pesar de cualquier catástrofe Barcelona sobrevivirá.

https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/sobrevivira-barcelona_413649_102.html

Mariano Gomá

Mariano Gomà

 

La ciudad salvaje

Hubo un tiempo lejano en el que cuando los viajeros de Madrid llegaban a Barcelona, hablaban y no paraban del civismo de nuestra circulación. De su respeto por las normas. Mientras allí debían proteger los carriles bus con conos y otros artilugios para evitar la colonización de los coches, aquí bastaban con unas rayas de pintura. Pero todo esto ha cambiado, tanto, que ahora la ley del más fuerte ha invadido el territorio del más débil, el ecológico ciudadano que anda, el anciano, la mujer con el cochecito de niño, la pareja que pasea.

Pero no hay mal que por bien no venga, porque cuando me levanto cada mañana y salgo confiado a la calle para incorporarme a mis conciudadanos, caminantes de aceras, de la que en su día fue una gran ciudad, me siento seguro.

Ahora me doy cuenta del extraordinario servicio que me prestan los largos años de práctica de judo, karate, kendo, y sobre todo jiu-jitsu. Todo ello me da capacidad para andar por las salvajes aceras de Barcelona. Doy gracias a Colau porque ha hecho renacer en mí la necesidad de supervivencia, y así mantener una hora de entrenamiento seis días por semana. Es la única posibilidad de andar por nuestras aceras y sobrevivir, porque en ellas solo impera la ley de los feroces ORI, los objetos rodantes identificados, dañinos y traicioneros, que siempre caen sobre el más débil, el más lento. También me ha servido para entrenar la visión periférica, porque ciclistas y patinadores eléctricos acostumbran a embestir desde los lados, y a desarrollar el oído para prevenir el abordaje desde atrás. Algunas técnicas básicas me han resultado vitales, y más que ninguna el tai sabaki, que te permite con rapidez y economía de esfuerzo apartarte de la trayectoria del ingenio volador que busca tu cuerpo.

Gracias a las aceras salvajes de Barcelona que nos proporciona Colau estamos en forma, a un coste elevado, eso sí. Y ¡ay de ti que no lo estés!, porque de nuestras aceras ha desaparecido todo orden y autoridad. La Guardia Urbana, de la que cada año nos anuncian que se refuerza, es una especie en riesgo de extinción y merece ser pro­tegida.

Pero hay más y peor, no son solo nuestras calles las que se han vuelto salvajes, es la ciudad, sus lugares de ocio. Hay una realidad mucho más amplia, más trágica, que se ha multiplicado en estos años y que no acepta ironías de ninguna clase.

Nuestra ciudad es cruelmente salvaje porque cada día se produce una violación; en realidad en términos estadísticos algo más de una. Un abuso sexual con penetración al día, 192 casos en seis meses, 32 al mes. La tasa por 100.000 habitantes de este delito es de 11,5. Madrid, para situar otra gran ciudad, tiene una cifra tres veces menor, 3,58. ¿Cómo puede ser? En la capital de la adalid del feminismo de género, la que instituye centros para las nuevas masculinidades, la que nos satura con discursos, anuncios, subvenciones y campañas contra el machismo; ahora mismo tiene en marcha otra para celebrar durante una semana el día internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. ¡Qué parodia de celebración en la capital de la violación! Mientras la realidad persigue a las mujeres, Colau paga con nuestros impuestos actos, espectáculos, talleres, y reparte premios contra el machismo. Carecen de vergüenza escénica.

Y es que en la ciudad crece la violencia. 16 homicidios en los primeros seis meses del año, por solo 14 Madrid con el doble de población. Sus respectivos índices por 100.000 habitantes son de 0,96 contra 0,4. Y los robos con violencia, los peores por el daño y el miedo que causan, tres cuartos de lo mismo. Fueron 7.965, durante aquel periodo de tiempo. 1.327 al mes, 44 cada día; casi dos a la hora. Esto representa un índice por 100.000 habitantes de 478,6, lejos del madrileño, de 168,5.

¿Qué le ha sucedido a Barcelona para llegar a este punto? ¿Qué le has hecho, Ada Colau? Danos una explicación de por qué sucede todo esto. No huyas escondida entre campañas y subvenciones. Reconozcámoslo: vivimos bajo un peligroso problema. Quienes gobiernan la ciudad no saben qué hacer por una razón fundamental, porque no pueden reconocer que es su ideología y la cultura que han promovido con ayuda de otros, bastantes más, la que ha desencadenado el clima que propicia tanto desmán.

La cuestión es dónde está y quién promueve la cultura y la política que ha de regenerar Barcelona.

 

 

 

 

 Josep Miró i Ardèvol

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